Ya lo sé, es sólo rock & roll, pero me gusta.

Un médico sólo es un gran médico cuando lleva treinta años ejerciendo.
Anoche los cirujanos Stones nos abrieron en canal, nos hicieron saltar corazón, estómago e hígado sin anestesia, y cerraron la herida de hace un año.
Lo primero de todo, un “Start me up” que muchos nos perdimos debido a una pésima organización de cuyo nombre no quiero acordarme, pero que recordaré toda la vida. Lo segundo, las disculpas imprescindibles por el plantón en un español algo más que chapurreado. Porque, señores, estos son profesionales.
Ante un público poco exigente y entregado desde el minuto uno, desplegaron todas sus armas: la energía, el talento y un show de impecable factura técnica. El escenario era inmenso, pero a Mick se le quedaba pequeño.
Tras un homenaje a Ray Charles en el que Jagger cedió protagonismo a una vocalista absolutamente espectacular, Lisa Fischer, Keith Richards cantó dos piezas de blues: yo sigo sin saber si sigue encaramado a un cocotero o simplemente es así de macarra, pero estuvo estupendo.
Suena “Satisfaction” y el estadio casi se cae abajo. Suena “Sympathy for the Devil” y le vimos la jeta al demonio. Suena “Paint it Black” y un escalofrío siniestro nos recorre los hombros. Con “Jumpin’ Jack Flash” y “Brown Sugar” los doctores nos cosen los puntos y abandonamos el quirófano como nuevos.
Eso sí, muchos pasearemos con orgullo nuestra cicatriz.
Anoche los cirujanos Stones nos abrieron en canal, nos hicieron saltar corazón, estómago e hígado sin anestesia, y cerraron la herida de hace un año.
Lo primero de todo, un “Start me up” que muchos nos perdimos debido a una pésima organización de cuyo nombre no quiero acordarme, pero que recordaré toda la vida. Lo segundo, las disculpas imprescindibles por el plantón en un español algo más que chapurreado. Porque, señores, estos son profesionales.
Ante un público poco exigente y entregado desde el minuto uno, desplegaron todas sus armas: la energía, el talento y un show de impecable factura técnica. El escenario era inmenso, pero a Mick se le quedaba pequeño.
Tras un homenaje a Ray Charles en el que Jagger cedió protagonismo a una vocalista absolutamente espectacular, Lisa Fischer, Keith Richards cantó dos piezas de blues: yo sigo sin saber si sigue encaramado a un cocotero o simplemente es así de macarra, pero estuvo estupendo.
Suena “Satisfaction” y el estadio casi se cae abajo. Suena “Sympathy for the Devil” y le vimos la jeta al demonio. Suena “Paint it Black” y un escalofrío siniestro nos recorre los hombros. Con “Jumpin’ Jack Flash” y “Brown Sugar” los doctores nos cosen los puntos y abandonamos el quirófano como nuevos.
Eso sí, muchos pasearemos con orgullo nuestra cicatriz.

