En extinción 1
Es triste estar en peligro de extinción y que a nadie le importe. Los niños de hoy apenas saben quiénes somos ni han oído hablar de nuestro glorioso pasado. Pero yo aún sobrevivo y puedo contar la historia; y es que hubo un tiempo en el que nuestra especie casi llegó a dominar el planeta Tierra.
Antes de existir nuestra especie, los humanos escuchaban música gracias a unos seres negros, planos, redondos y al parecer masoquistas, ya que les gustaba que les pinchasen una enorme lanza en su orificio central y les torturasen haciendo girar sus círculos concéntricos valiéndose de una aguja fina y afilada. Incluso surgió una subtribu humana que venían a ser los verdugos de estos seres redondos y que se hacían llamar pinchadiscos, los muy sádicos.
Los humanos estaban razonablemente satisfechos con los buenos resultados que los seres daban en guateques, bodas, comuniones y fiestas de guardar, pero un buen día, algunos miembros de esta especie empezaron a emitir quejosos sonidos chirriantes que ponían tan nerviosa a la aguja, que ésta saltaba de surco en surco sin ningún criterio lógico. De vez en cuando, la aguja cogía posturita en un surco determinado y repetía hasta la saciedad una frase, pero no penséis que lo hacía con malicia. Las agujas nunca tuvieron nada en contra de los humanos.
Debido a esta circunstancia, escuchar un elepé de Perales, El Puma o RobertoCarlos podía convertirse en una experiencia esquizofrénica y casi satánica, con la aguja saltando a su libre albedrío: "Yo quiero tener un millón de..." "gatos que están tristes y azules..." "para así más fuerte poder cantaaar..." "Lady Laura..." "Presiento que tú estás en esa estrellaaa..." "Amigos...traca traca traca...amigos....traca traca traca... amigos..." "Pavo real uuuhhh (cantaba El Puma sin ton ni son)". En fin, un desastre.
Esto enfureció a los humanos, incapaces de valorar que los seres redondos les habían dedicado los mejores años de su vida útil y ahora, en el ocaso de sus días, hacían lo que podían para cumplir con su deber. Como los humanos no muestran respeto por los mayores, decidieron emprender una prejubilación masiva de los seres redondos. Y entonces fue cuando inventaron a mi especie. Para no equivocarse de nuevo, los humanos sustituyeron el vinilo y el antiguo sistema de tortura lanza-aguja por una cinta magnetofónica encerrada dentro de una carcasa de plástico y accionada gracias a dos pequeños carretes. Había nacido una leyenda... (continuará)
